El Gótico
En el siglo XII, en Francia, comienza una nueva etapa del arte occidental. Me refiero al gótico, que tiene punto de partida en la invención de la bóveda de crucería por el abad Suger, antes de 1150, y un comienzo con la creación de la catedral de Saint Denis. Las principales características de este estilo, en arquitectura, son el arco apuntado, las ventanas de lanceta y las vidrieras multicolores. Sólo en las postrimerías del siglo XIII la pintura alcanzará un grado de independencia de las iluminaciones de los manuscritos y de las vidrieras con las tablas de altar de Cimabue, en Italia.

El término de gótico tuvo sus orígenes en una denominación con carácter despectivo por parte de eruditos renacentistas. Dicho término proviene de godo, pueblo bárbaro que había saqueado y destruido Roma (476), marcando así el final del Imperio. Por ello, esta denominación quizás no hace justicia al arte comprendido entre los siglos XII al XIV.
Las artes plásticas florecieron en esta etapa llamada la Baja Edad Media con la construcción de enormes catedrales, llenas de vidrieras y esculturas que transmitían el mensaje religioso cristiano. La pintura, en los primeros decenios del siglo XIV, alcanza una de sus más altas cimas con las creaciones del italiano Giotto di Bondone (hacia 1267-1337). Este artista es uno de los más revolucionarios de toda la historia del arte, por haberle dado a la pintura un carácter de realismo como nunca se había visto antes. Sus figuras pasan a ser seres humanos de carne y hueso y a estar situadas en suelo firme.
Pero Giotto no fue el único gran artista de esta época. También, incluso unos años antes, Duccio di Buoninsegna (hacia 1255-1318) llevó a la pintura sobre tabla a un lugar privilegiado en las artes. Esto ocurrió en Siena, mientras que el genio de Giotto se desenvolvía principalmente en Florencia. Así se produce en Siena una corta pero fructífera tradición de excelentes maestros que fueron reinventando la pintura y llevándola a extremos inimaginados sólo un par de siglos antes. Simone Martini (hacia 1284-1344) y los hermanos Pietro y Ambrogio Lorenzetti son otros grandes nombres de esta época, que a parte de enormes ciclos de pintura religiosa, también crearán murales profanos, de los cuales por desgracia muy pocos sobreviven.
Con la Peste Negra (1348-49), que se llevó a una gran parte de la población de Europa, se produjo, por así decir, un cierto estancamiento artístico; aunque también, se crearon nuevas imágenes incluso más expresivas para buscar la ayuda necesaria para superar aquella catástrofe. Así se entra en una etapa en que las cimas que había alcanzado el arte de Giotto o de Simone Martini no podía superarse, sino seguir su tradición. Pero los sorprendentes rostros de santos del Maestro Teodórico nos amplían esos estrechos horizontes.
Pero luego de todos estos maestros, aunque muy cierto es que no surge ningún nombre importante en el ámbito de la creación artística, se debe más a patrones propiamente culturales que de ingenio. Por ello no nos sorprende que de las postrimerías del siglo XIV nos llegue una obra como el llamado Díptico de Wilton (hacia 1395, National Gallery, Londres), ejecutado por un maestro inglés o francés, en el que encontramos características tan propias y nuevas, que el período de esta obra ha sido llamado Estilo internacional. Todo esto es prueba del alto nivel que alcanza el arte aún en la tan menospreciada Edad Media.
Imagen:
Catedral de Notre Dame. París, Francia.

